El 16 de septiembre es una fecha icónica para el “pueblo mexicano”, se celebra el aniversario de la independencia de la corona española. Este pueblo que celebra tiene una personalidad que se ha ido redefiniendo constantemente y que todavía en el año 2010 no encuentra su destino. El gran conquistador Hernán Cortés llegó a las tierras que actualmente se conocen como México en 1519, derrotando al Imperio Azteca dos años más tarde. Después de su relación amorosa (o al menos de concubinato) con la indígena conocida como Marina o “La Malinche”, nació el primer mexicano aproximadamente entre 1521 y 1523: Martín Cortés. La raza mexicana no es un grupo indígena específico, sino que nace de todos los mestizajes y fusiones que se inician con la unión sanguínea del español Cortés y la indígena Doña Marina. La identidad de todas las generaciones subsecuentes de mexicanos dependía de la casta que racialmente les correspondía. Sin embargo, no existía una identidad colectiva mexicana.
Octavio Paz escribió en el libro El Laberinto de la Soledad como “El mexicano se esconde bajo muchas máscaras…del mismo modo que la nación ha desgarrado todas las formas que la asfixiaban. Pero no hemos encontrado aún esa (máscara) que reconcilie nuestra libertad con el orden...en esa búsqueda hemos retrocedido una y otra vez, para luego avanzar con más decisión hacia delante”.
1810. El siglo de la independencia.
La colonia que se estableció en el territorio mexicano se bautizó como el Virreinato de la Nueva España. Fue el asentamiento políticamente más importante de la corona española, ya que desde ahí se dirigía el resto de las colonias españolas en el mundo. Por esta misma razón, fue una de las colonias que tuvo más dificultad en obtener su independencia. Ante una constelación de diversos factores que tomaban lugar tanto en Europa como en América, el 16 de septiembre de 1810 se inició el movimiento independentista con el famoso Grito de Dolores, cuando el sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla acompañado de otros independentistas convocaron a la rebelión en contra del virreinato.
El movimiento independentista culminó en 1821 con el establecimiento no de la democracia, sino de un Imperio católico, el Imperio de Agustín de Iturbide. La Guerra de Independencia de España no fue un movimiento indígena. Fue más bien una estrategia de las clases criollas que no tenían derechos políticos plenos, pero no con el afán de establecer una democracia ni de conceder derechos a los grupos indígenas.
Después del Imperio de Iturbide, México pasó por una etapa republicana hasta 1863. Los conservadores mexicanos intentaron restablecer una monarquía europea importando al bienintencionado Maximiliano de Habsburgo, cuyo único error fue haber llegado al país equivocado en el momento equivocado; este error le costó la vida. En 1876 ascendió Porfirio Díaz al poder, un personaje mítico que se convirtió en un dictador por más de treinta años.
1910. El siglo de la revolución.
Cien años después de haberse declarado independientes, los mexicanos se encontraban bajo el dominio unipersonal no de la corona española, sino de un dictador…y mexicano. Los problemas económicos y sociales que tenía el país eran los mismos, si no es que había aún más. El 20 de noviembre de 1910 se inició la Revolución Mexicana, una revolución campesina que introdujo a personajes como el famoso Francisco “Pancho” Villa. La moderna Constitución de 1917 fue fruto del movimiento revolucionario y hoy en día sigue vigente con algunas reformas.
En 1929 se creó un partido político que abrazaría todo el sentimiento revolucionario y más tarde se llamaría el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Este partido fue capaz de darle unidad al pueblo mexicano, ya que encerraba la retórica que había generado la revolución. Con sus valores de repartición de tierras a los campesinos, laicismo y de nacionalización de las empresas extranjeras (como las petroleras), el sistema político mexicano hizo difícil que el comunismo tuviera el éxito que alcanzó en otros países. La oferta social que representaba el comunismo, también la incluían los elementos sociales de PRI. Este partido fue capaz de gobernar México durante siete décadas, hasta el año 2000. En estos setenta años en los que América latina se veía dominada por dictaduras militares, México tenía una dictadura encabezada no por un hombre ni por un ejército, sino por un mismo partido político.
Vicente Fox ganó las elecciones del año 2000 con una retórica y marketing del “cambio”. Así como Barack Obama vendió la esperanza del cambio en los Estados Unidos en el 2008, Fox lo hizo en México ocho años antes. A pesar de que la oposición llegó al poder, el cambio fue más bien estético, ya que los mismos grupos y cuadros políticos se reacomodaron en el Partido de Acción Nacional (PAN). Por ejemplo, los “líderes” sindicales que negociaban con el PRI, pasaron a la nómina del PAN, como la famosa líder del Sindicato de Profesores: Elba Esther Gordillo.
2010. La realidad mexicana actual.
Cuando nació el primer mexicano, había una población aproximada de 9.120.000 habitantes en México. Cuando se declaró la independencia en 1810, la cifra había bajado a 6.122.354. Cuando se inició la revolución en 1910, la población llegaba a los 15.160.369. La población mexicana en el 2010 llega a los 112,468,855. Consecuentemente, los problemas de raíz se multiplican con el crecimiento poblacional. Esta explosión demográfica es el resultado de un fracasado sistema educativo y de una política católica de la no planificación familiar.
La esperanza de vida llega casi a los 80 años para las mujeres y 75 años para los hombres, estas cifras se acercan a los niveles de los países de la Unión Europea. No obstante, la calidad de vida está muy lejos del mundo desarrollado.
Los indicadores de educación de los países de la OECD sitúan a México en el último o penúltimo lugar respecto a los otros países del grupo.
México empata el lugar número 89 en el índice de corrupción a nivel mundial. Junto con Lesotho, Malawi, Moldavia y Marruecos, los mexicanos obtuvieron un 3.3 (en una escala de 10 puntos) en nivel de transparencia según la ONG Transparency International en los resultados del último año.
A pesar de tener un PIB más o menos del tamaño del español, la distribución de la riqueza nunca ha sido equitativa en México, las disparidades entre las clases altas, medias y bajas son cada vez mas acentuadas. El nivel de desempleo en México es bajo, oficialmente cerca del 5%. Desafortunadamente, la existencia del empleo se genera principalmente dentro de la economía informal.
Mas allá de todos los malestares económicos, quizá lo más impactante es la pobreza de los derechos humanos que ha marcado las últimas décadas. Los crímenes de mujeres en Ciudad Juárez, la impunidad e ineficacia de la justicia evidencian el mal estado de los derechos humanos. El machismo arraigado en la sociedad queda expuesto con el hecho de que estos asesinatos se enfocan y ensañan principalmente en contra de las mujeres.
México es ahora la cuna e incubadora del narcotráfico. La empresa del “narco” es un negocio que no genera impuestos, pero si mucha sangre. El mercado del narco no es solamente la exportación de drogas a los Estados Unidos, sino también la satisfacción de la demanda interna.
El sistema político mexicano es cómplice y socio del narco. El narcotráfico financia campañas políticas. El gobierno abre paso a la exportación de drogas sin arancel alguno. Los secuestradores en México son ahora los mismos procuradores de la justicia. La democracia mexicana se matiza con los asesinatos de periodistas que intentan ejercer la libertad de expresión.
¿Acaso esta fotografía de la realidad actual es mejor que la de 1810?
El nuevo siglo: el siglo de la diáspora.
En la novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, la Familia Buendía estaba destinada a vivir en la soledad. En México, los mexicanos tienen el mismo destino. México vive su soledad en su laberinto. A diferencia de Macondo, México no desapareció a los 100 años, tuvo su revolución. A los 200 años, parece ser que tampoco desaparecerá; simplemente se transmuta y se convierte cada vez más en el pueblo fantasma de Comala, en la novela Pedro Páramo de Juan Rulfo.
Este tercer siglo mexicano está siendo marcado por un éxodo de mexicanos. Quienes se resisten a vivir en este México han decidido marchar al extranjero. El principal receptor ha sido los Estados Unidos. Se calcula que hay 11 millones de mexicanos nacidos en México y aproximadamente un total de 20 millones incluyendo ya las segundas y terceras generaciones nacidas en los Estados Unidos.
El último Reporte de Desarrollo Humano del UNDP de las Naciones Unidas le asigna a México una tasa de emigración del 9% y 9,5% de movimiento internacional. Solamente el 69% de los emigrantes son de mano de obra simple, no calificada, el 31% restante se compone de mexicanos con estudios avanzados desde educación preuniversitaria hasta doctorados.
Octavio Paz concluye “…hemos llegado al límite: en unos cuantos años hemos agotado todas las formas históricas que poseía Europa. No nos queda sino la desnudez o la mentira. Pues tras este derrumbe general de la Razón y la Fe, de Dios y la Utopía, no se levantan ya nuevos o viejos sistemas intelectuales, capaces de albergar nuestra angustia y tranquilizar nuestro desconcierto; frente a nosotros no hay nada. Estamos al fin solos. Como todos los hombres”.
Los seis millones de mexicanos que se emanciparon de España en 1810 podían culpar al virreinato y a aquella corona española por todos y cada uno de sus problemas. Los 112 millones de mexicanos en el 2010 solo se pueden culpar a si mismos por los problemas y la realidad en la que viven.
Los mexicanos que han logrado escapar del laberinto de la soledad se han dado cuenta que la salida se encuentra independizándose de México, huyendo al laberinto del exilio.
¡Felicidades México por el bicentenario de tu independencia! ¡Enhorabuena México por tus doscientos años de soledad!
No comments:
Post a Comment